lunes, 29 de junio de 2009

¡Has sido despertado! Capítulo 5

5

Vince Lekker y Carlisle Swan. Lufkin, Texas. 29/11/2007. Jueves. 17:23 horas.

Llevábamos más de tres semanas buscando a Lewis Evans, Sam Slade y Mary Lauper. Evidentemente no le había dicho nada sobre ella. No podía contar que existía alguna relación con Mary. Quería protegerla y por lo tanto retrasar nuestro encuentro que parecía inevitable por mucho que me esforzara. Había buscado información, algo que me asegurara que estuviera bien. La última vez que la vi estaba tendida en el suelo de su casa, a los pies de aquellos encapuchados. - Esa Mary Lauper vivía también en New York como tú – dijo Carlsile al entrar a la habitación ojeando unos cuantos folios que llevaba en la mano.
- ¿Si? Bueno allí vive mucha gente Carl… – dije sin dejar de mirar el monitor del ordenador – ¿Estás seguro que es ella a la que estamos buscando?
- Y tanto. Es más, es una de los 478 supervivientes.
- No sé que decirte. No estoy seguro…
No sabía mentir. Nunca se me había dado bien. Cuando era pequeño, en la escuela, la maestra no tenía que hacer mucho esfuerzo para saber quien le había tirado una bola de papel, o quien había pegado a quien, o quien había roto algo y a quien, sólo con que me preguntara a mí era suficiente. Por culpa de aquello los compañeros de clase más abusones me habían llegado a pegar alguna que otra paliza. Yo no era fuerte, nunca lo había sido, pero aquellos días que había pasado en Lufkin con Carl parecían haber despertado en mí las fuerzas que tanto supliqué a Dios cuando era pequeño.
Carl y yo obtuvimos los poderes el mismo día, al parecer a la misma hora. Habíamos hablado de ello muchas veces, también de nuestro pasado y del presente. Decidimos que lo mejor que podíamos hacer era desarrollar nuestras habilidades cuanto antes mejor porque nuestra prioridad era encontrar a las 3 personas con poderes y sería mejor que no nos sorprendieran. Por ello, ambos llevábamos entrenando medio mes. Él era más fuerte físicamente, medía casi 2 metros, sabía hacer más habilidades que yo y las utilizaba mejor. Yo en cambio era todo lo contrario, desde el primer día me puse ha hacer pesas 5 horas diarias, mi cuerpo se tendría que haber resentido pero no fue así. Luego Carl me enseñaba algunas habilidades como volar, pero más bien que volar lo que hacía era sostenerme en el aire unos pocos segundos para luego caer de pie a tierra, en cambio él sabía desplazarse con rapidez de un lado a otro, pero sólo a 2 palmos del suelo. También probamos nuestra velocidad, con un cronómetro observamos como hacíamos 100 metros en poco más de 5 segundos. Tardé poco en saber todo lo que él sabía y juntos aprendimos que no sólo por nuestras manos podíamos desprender rayos, sino que también hielo y fuego, este último fue un tanto peligroso cuando lo descubrimos porque quemamos muchos árboles antes de saber cómo utilizar el hielo. Tardamos poco en darnos cuenta que utilizar nuestras habilidades nos causaba mucho cansancio y sueño, sobretodo sueño, dormíamos más de 14 horas cada día. Y las horas restantes entrenábamos o buscábamos información de las 3 personas, que es lo que estábamos haciendo en aquel momento.
- Hombre Vince tiene que ser ella – se sentó a mi lado removiendo los folios como si entre ellos hubiera perdido algo – por los telediarios y periódicos salió una noticia de ella, era la única de todos los supervivientes que no tenía ningún rasguño – levantó la cabeza para mirarme – ¿La conocías?
- No – volví a mentir.
- No me gusta que me mientan – apartó la vista de mis ojos oscuros – sé que compartisteis clase en la Universidad.
- No me jodas Carl – al decir aquello ya me había delatado. No podía ocultarlo más – vayamos primero por los otros 2. Por favor.
- Está bien, está bien – se puso de pie – es hora de encontrar a Sam Slade, pero cuando le toqué a Mary Lauper me tendrás que explicar que relación tienes con ella.
- Me parece justo – no me lo parecía – ¿Sam Slade era el que vivía en St. Paul?
- Exacto. St. Paul, capital de Minnesota ¿Has estado alguna vez?
- No. Nunca me ha gustado viajar, me mareo con facilidad – aquello era verdad. Desde pequeño que me ponía muy nervioso al viajar, por esa razón no había ido a otro lugar que no fuera New York, haciendo excepción de este último, Lufkin.
- Pues estás de suerte. Yo si he estado ¿Preparado? ¡Vamos! – Cerró los ojos y me tocó el hombro con su mano izquierda. Todo empezó a temblar y de repente aparecimos en una calle de St, Paul. Me pregunté si era sensato hacer aquello ya que algunas personas nos podían ver.
En St. Paul residían algo más de 250.000 personas. Sólo allí ya había 4 personas llamadas Sam Slade.
A medida que caminábamos la gente nos miraba con cara de asombro. Vestíamos con camiseta corta y rota, tejanos azules pero casi marrones por culpa del barro del bosque, botas negras pero destrozadas y debíamos oler a horrores porque nadie se encontraba a 5 metros de nosotros, yo juraría que llevaba casi una semana con la misma ropa, quizá Carlisle más.
Todavía faltaba tres semanas para que llegara el invierno pero en St. Paul ya lo había hecho, y de sobras. Caían copos de nieve del tamaño de un puño y con mucha intensidad. Hacía un frío terrible y para colmo el fuerte y gélido viento nos lanzaba los copos a la cara. Mientras miraba al cielo y veía caer la nieve recordé leer en un artículo, hacia ya unos años, que en 1885 un reportero neoyorquino dijo “St. Paul es otra Siberia apta para habitar en invierno”, ofendidos por aquellas palabras el partido que gobernaba por entonces decidió demostrar que no sólo era habitable sino que sus ciudadanos estaban muy vivos en aquella temporada del año, y en consecuencia nació el Carnaval de Invierno, y desde entonces cada año por estas fechas la ciudad congrega a mucha gente procedente del resto del país.
Cuando ya llevábamos unos cuantos minutos caminando sobre aquella blanquecina nieve y no podía soportar más aquel frío, decidí hablar con Carl. Desde que llegamos no habíamos intercambiado ni una sola palabra, yo me había limitado a seguirlo unos pasos más atrás.
- Oye Carl ¿Tenemos que caminar mucho más? – dije cuando conseguí ponerme a su altura.
- No. Ya estamos llegando ¿Tienes frío? – dijo con una leve sonrisa.
- Pues sí, y bastante.
- ¿Pero no naciste en Seattle Vince? Allí también hace frío.
- Sí, pero no tanto como aquí – él sabía que me mosqueaba que acabara las preguntas con mi nombre – ¿Es que no te acuerdas? También estuviste allí cuando me fuiste a buscar – recordé. Días atrás Carl me había contado que no fue casualidad nuestro encuentro en el avión. Él venía de Seattle porque me había ido a buscar ya que en New York no me encontró, afortunadamente buscó en la casa equivocada ya que los 7 años me mude al norte de la ciudad.
- Baah – resopló – no me lo recuerdes. Fui para nada.
- Pero lo que no entiendo es por qué no te desplazaste con la habilidad.
- Como bien sabes sólo nos podemos teletransportarnos a un sitio que ya hayamos ido.
- Ya ¿pero para volver por qué no lo hiciste?
- Apenas sabía como utilizar poderes, y tampoco sabía que podía hacerlo – concluyó.
- Ya. No perdiste el tiempo para irme a matar.
- ¿Qué querías que hiciera? Ya te expliqué en la situación que me encontraba – se detuvo y me miró fijamente a los ojos – ¿A qué viene eso ahora Vince?
- A nada, a nada. Lo siento – no pude mirarle a la cara al disculparme – Sé que confías en mí y no quiero que pienses que yo en ti no.
- Bueno, dejémoslo ya – me puso el brazo alrededor del cuello y señaló a una puerta bastante sucia - ¿Ves esa puerta de allá?
- Sí – la pude ver por muy lejos y pequeña que estuviera y fuera la puerta.
- Allí es donde vive Sam Slade. Vamos.
Cuando llegamos allí y alcé la mano para hacer sonar el timbre vi que el piso tenía 7 plantas.
- 7º4º – dijo Carl para no perder tiempo al ver que yo había hecho el amago de picar.
- ¿Y qué le digo? “Hola venimos desde Lufkin para que vengas con nosotros, sabemos que tienes poderes”
- No podría hacerlo mejor.
Aquellas palabras no fueron las que hicieron que tocara el timbre pero lo hice. Una, dos, tres, cuatro veces piqué hasta que al fin una voz triste y de chico adolescente respondió por el interfono:
- ¿Diga?
- Hola ¿Hablo con Sam Slade? – pregunté no muy convincente.
- ¿Quién pregunta por él? – dijo al cabo de permanecer unos segundos en silencio.
- Queremos hablar con él por un asunto importante – estaba claro que no quería delatarse, pero yo ya sabía que aquella era la persona a la que estábamos buscando porque Carl ya me había informado de que Sam era un chico de unos 16 años traumatizado por la muerte de sus padres hacía pocos meses atrás.
- ¿Cómo de importante? – volvió a preguntar el muchacho.
- Chico, sabemos que tienes poderes ¿Nos dejas subir o tenemos que entrar por la fuerza? – dijo Carl con voz amenazante.
- ¡¿Poderes?! – dijo exaltado.
- Mierda nos hemos equivocado…
“Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiim” el timbre me interrumpió.
- Pasad. Os estaba esperando – dijo el chico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario