miércoles, 13 de mayo de 2009

¡Has sido despertado! Capítulo 1

1

Vince Lekker. New York. 2/11/2007. Viernes. 12:37 horas.

Me desperté a las 12:37 horas de un miércoles especialmente soleado, y aún así sin ánimo de hacer nada durante todo el día. Habían pasado 1 mes y 23 días desde que me echaron del trabajo, trabajo que desempeñaba con orgullo, repartidor de pizzas. Así que me encontraba en el paro con 26 años, en un piso de alquiler de apenas 40 m2 y a punto de dar todos los pocos ahorros que me quedaban al dueño, el Sr. Thompson, por el último mes de octubre. Por supuesto, no podía pedir dinero a mis padres, me prometí no hacerlo, además, en aquella época ellos vivían en Seattle.
El motivo por el cual seguía viviendo allí era mi novia Mary Lauper. Tenía la misma edad que yo, estaba a punto de acabar la carrera de empresariales, era simpática, quizá demasiada extrovertida, pero lo que me volvía loco era el don que le había dado Dios para moverse en la cama. Lo hacía como ninguna otra y tenía un cuerpo despampanante: rubia, ojos azules y unas medidas que toda chica envidiaría. Por desgracia, últimamente la veía muy poco porque decía que le había surgido mucha faena en la universidad.
Decidí dejar de pensar en ella y levantarme de la cama, vestirme, ir a la cocina y desayunar una taza de cereales con leche. Cuando mi mano derecha sujetaba la cuchara llena de cereales y la otra pasaba las páginas que me estaba releyendo del periódico del día anterior, una gélida ráfaga de viento, que lanzó el periódico por el aire y provocó que la taza volcara, hizo que mirara al frente ¡Un hombre completamente empapado apareció en mi cocina! No le podía ver el rostro porque la capucha de la chaqueta larga y negra que llevaba lo ocultaba. Aquella persona parecía herida, porque a simple vista se veían varias manchas de sangre por toda su vestimenta, pero a lo mejor la sangre no era suya, no había manera de saberlo.
Tras varios segundos sin reaccionar por la conmoción de aquella situación, me levanté y cogí el primer cuchillo que vi. Se me acercó cojeando fuertemente, apenas apoyaba la pierna izquierda, pero aquello no pareció importarle. A la vez que él avanzaba yo retrocedía, hasta que llegué al pequeño comedor con un ojo puesto a la puerta que daba a las escaleras y estas a la calle.
Nunca me había encontrado en una situación tan violenta, pero sabía que el cuchillo sería el último recurso, no podía matarlo así como así, es más, dudaba si sería capaz de hacerlo cuando llegara el momento.
Nos separaban 3 metros cuando él movió el brazo derecho lentamente hacía arriba, como si me señalara, y una fuerza invisible me inmovilizó de cuello hacía a bajo. Hizo otro gesto con la misma mano y algo me obligó a ponerme de rodillas y dejar caer el cuchillo al suelo. Era una fuerza desconocida para mí. ¿Cómo es posible todo lo que me está ocurriendo? me pregunté. Tenía que buscar respuestas.
- ¿Quién eres?
Se puso la mano que le quedaba libre en la garganta:
- Eso nunca debes saberlo Vince, excepto cuando llegué el momento – dijo con una voz exageradamente grave – no tenemos mucho tiempo.
No daba crédito a lo que estaba escuchando ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Y que era todo ese rollo de “eso no nunca debes saberlo” y “no tenemos mucho tiempo”?
Caminando pesadamente se me aproximó hasta situarse en frente, aún tenía el brazo medio levantado, y colocó la palma de su mano encima de mi cabeza. Alcancé ver como pequeñas chispas eléctricas de un azulado celeste salían de sus dedos. Las pocas ventanas que tenía en el comedor, ya estuvieran abiertas o cerradas, reventaron hacia fuera y por ellas entró un viento furioso que lanzó por el aire todo lo que encontraba. De repente un dolor horrible se adueñó de mi cabeza, grité y grité cada vez más fuerte para que aquello que estaba experimentando cesara de una vez por todas, y así fue, no por mis gritos, sino por 5 palabras que pronunció medio chillando que me supieron a gloria divina:
- ¡¡Vince Lekker, has sido despertado!!
Inesperadamente el viento se esfumó. Un pequeño calambre me recorrió por toda la espalda de arriba a bajo hasta desaparecer, seguido de la fuerza que me mantenía inmóvil.
- Ahora Vince – hizo una pequeña pausa que me pareció eterna – debes encontrar a Carlisle Swan y matarlo.
- ¿Matar? ¿Por qué? ¿Quién es él?
- No soy yo quien debe reescribir el destino del que nos apartamos.
- ¿Destino? ¿Qué dices? – no me salía por la boca otra cosa que no fueran preguntas.
De golpe se quedó totalmente inmóvil, se llevó una mano a la cabeza y al cabo de pocos segundos dijo con cierto nerviosismo:
- Tienes que marcharte o te matarán. No tienes elección. En 27 segundos ya estarán aquí.
- ¿Estará aquí quién? ¿Y porqué quieren matarme?
- ¡Recuerda! ¡Es muy importante Vince! ¡Debes encontrar a Carlisle Swan y matarlo! ¡No te lo pienses 2 veces! El destino del nuevo mundo está en tus manos.
Y en un abrir y cerrar de ojos el tipo desapareció.
Me sentía muy raro, pero no como si estuviera enfermo o cansado, sino con la suficiente energía de poder hacerlo todo, como eufórico.
¿Qué me había hecho? ¿Y porqué? Me mantuve unos pocos segundos aún de rodillas al suelo hasta que el timbre sonó ¡Claro era el Sr. Thompson en busca del dinero! No le podía dejar entrar, la habitación estaba totalmente destrozada, así que me puse a buscar el sobre con el dinero entre los escombros mientras el timbre no dejaba de sonar. Pero… ¿debía creerme toda aquella palabrería que me había soltado aquel tipo? sí. Él apareció de la nada, sin tocar ni un mueble los destrozó todos, no podía actuar como si nada hubiera pasado. Debía creerlo.
- ¡Vince despierta! ¡Soy yo! – dijo la anciana voz de Thompson.
- ¡Ya va, ya va Sr. Thompson!
- Oye chaval, sino lo tienes dímelo y punto. No me hagas esperar aquí como un tonto.
- ¡No! ¡No! Ya lo tengo – lo acababa de encontrar entre las sillas rotas – ya abro.
Abrí la puerta y salí por ella rápidamente antes de que le diera tiempo a entrar. Era un anciano de 70 años, bajo, calvo y con la típica barriga regordeta. Solía ir siempre muy bien vestido desde que murió su mujer pocos meses atrás. Aquella mañana llevaba puesto un elegante frac, seguramente para sorprender a la mujer del quinto. Tenían la misma edad y también era viuda, pero no estaba interesada en un enano presumido.
- Aquí lo tiene Sr. Thompson. – le dije sin poder aguantar la risa.
- ¿De que te ríes tú mierdecilla? – dijo mientras contaba el dinero.
- ¿Cómo? – le había entendido perfectamente, pero tenía que tragar todo lo que me digiera porque el precio del alquiler estaba realmente bien y tenía mucha paciencia conmigo.
- Nada chaval, nada – dijo al ver que el dinero estaba justo – ¡A si! Se me olvidaba. La vecina de a bajo, Christine, se ha quejado de que hace poco has armado un jaleo increíble. Quiere que te recuerde que su marido, Richard, está muy enfermo y que por favor no lo molestes más.
¡Era verdad! Por un momento había olvidado de que debía de marcharme de inmediato.
- Si es que me he tropezado con la silla y… bueno debo irme a… ¡trabajar! Si eso es, a trabajar.
- ¿Con la silla? – no las tenía todas conmigo, el Sr. Thompson era una persona muy curiosa que no tenía nada que hacer durante todo el día - ¿Te crees que soy gilipollas o qué chaval?
- ¿Eh? No, no, tranquilo, aquí no ha pasado nada – dije a la vez que miraba y señalaba a mi puerta – no quiero que piense que…
Noté un soplo de viento helado que me levantó el pelo e hizo que me diera media vuelta, y lo primero que vi fue al Sr. Thompson caer al suelo. Su cabeza rodaba escaleras a bajo mientras el cuerpo yacía delante de mí y la sangre espesa salía escupida por su cuello. Levanté la vista ¡Habían 3 encapuchados con la misma chaqueta que el que vino a visitarme! Todos ellos también mojados de arriba a bajo. Uno estaba en frente con la mano derecha levantada a media altura, otro se encontraba escalones a bajo con la cabeza del Sr. Thompson entre sus pies y el tercero permanecía unos escalones más arriba apoyado con una mano ensangrentada en la pared.
Debía huir tan rápido como pudiese.
- No puedes huir Vince – adivinó mis intenciones el encapuchado de a bajo – date ya por muerto.

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