sábado, 5 de septiembre de 2009

¡Has sido despertado! Capítulo 7

7

Vince Lekker, Carlisle Swan y Sam Slade. Phoenix, Arizona. 29/11/2007. Jueves. 17:51 horas.


Anduve todo el camino a 2 pasos por delante de ellos. Él había encontrado a Sam y yo hice lo mismo con Lewis. Vivía en Phoenix, capital de Arizona, una ciudad de casi 5 millones de habitantes, nunca había estado, pero Carl si. Por suerte Lewis vivía cerca de aquella plaza y en 5 minutos nos plantamos en su piso. Durante el corto trayecto no hubo ni una sola persona que no nos mirara. No es que allí hiciera tanto frío como en St, Paul, pero estábamos al sur-oeste y por lo tanto la temperatura era buena para la época, el problema era el pijama de Sam.
Piqué al 3º2 y nadie respondió. Piqué otra vez y más de lo mismo. Creí ver a alguien mirándonos desde un balcón, pero cuando me fijé detenidamente no ví a nadie. Cuando quise picar de nuevo Carl me cogió la mano:
- Yo también lo he visto. Déjame probar a mí.
Tapo la cerradura con la mano, la congeló, con el codo la reventó y entramos. No me había parado a pensar que todo aquello para Sam era totalmente nuevo, pero parecía ya mucho más tranquilo después de haber pasado 5 minutos charlando con Carl. Este subió las escaleras casi volando y llegó rapidísimo a la puerta. Yo fui corriendo con Sam para que no se quedara atrás y cuando llegamos Carl abrió la puerta con el mismo método que la de a bajo.
- Vamos muchacho que vas muy lento – le dijo a Sam justo antes de entrar corriendo en la casa.
Nosotros entramos corriendo justo detrás de él, pero cuando giramos hacia el pasillo que daba al comedor, vimos un destello amarillo y nos tuvimos que agachar para dejar pasar a Carl que había recibido un golpe fortísimo. Se acabó empotrando contra la pared y cayó rodando al suelo.
Cuando llegamos al comedor, había un hombre negro al lado de la pared que daba a la casa de al lado. Aparentaba 30 años, pero por la información que había encontrado de él, sabía que había nacido en el 1966, por lo tanto tendría 41 años. Estaba rapado y la camisa de tirantes blanca le venía pequeña para el cuerpo que tenía, al igual que los tejanos. Parecía una bestia, medía igual o más que Carlisle. Sam se colocó 1 metro hacia atrás, estaba aterrorizado, si hubiera tenido algo de orina en la vejiga lo hubiera soltado.
- ¿Eres tú Lewis Evans? – conseguí preguntar.
- Claro que soy yo – dijo con voz aguda – ¿Te parece que pueda ser otro?
- No, pero mejor estar seguro.
- Sabía que vendríais. Ya me avisó el encapuchado – escupió hacia un lado – ¿Qué queréis de mí? Y no quiero ver esos rayos azules de marica que llevaba vuestro amiguito entre las manos, ya habéis visto lo que le he hecho.
- Me disculpo por su comportamiento. Sólo estamos buscando a personas con las mismas habilidades que nosotros. Nuestra intención es reagruparnos todos y aprender nuevas habilidades.
- ¿Para qué? – dijo no muy convencido.
- Porque el encapuchado que despertó al que has lanzado por el aire le dijo que tenía que encontrar a 3 personas, y tú, Lewis Evans, eres una de ellas.
- Iré con vosotros – dijo tras varios segundos dubitativo.
- Perfecto. Vamos a ayudar a…
- Pero antes… para saber si estáis a mi altura y que puedo aprender nuevas habilidades… ¡Tendréis que atraparme! – y saltó.
Creía que ya lo había visto todo, pero estaba equivocado. Nunca pensé que las habilidades pudieran llegar tan lejos.
- ¿Ahora que harás Vince? – dijo Sam mirando donde unos segundos antes estaba Lewis.
- Intentaré hacer lo mismo, sólo me tengo que concentrar.
Y eso hice, más que nunca., luego corrí, corrí y corrí creyendo plenamente que lo podía conseguir. Di un pequeño saltó y… ¡Atravesé la pared! ¡Pude! Y allí encontré a Lewis riéndose junto a otra pared.
- ¡Hombre has podido! Eres bueno. Pero no creo que me atrapes – y traspasó otra pared.
Volví hacer lo mismo que antes y cuando la traspasé, Lewis acababa de pasar la siguiente pared.
Corría, corría y corría pero no lo atrapaba. Siempre era 3 pasos y pequeño salto, 3 pasos y pequeño salto. Intenté atajar por un lado cuando me fijé que siempre hacíamos el mismo recorrido, pero lo perdía de vista hasta que volvía a aparecer y vuelta a empezar. Con el cuerpo que tenía no tendría que correr mucho, pero con esas piernas tan largas era imposible atraparlo. Pensé que ya se cansaría, pero con el paso del tiempo me daba cuenta que el que se cansaba era yo. Así que decidí utilizar la máxima velocidad mientras traspasaba paredes. Sabía que aquello me podía fundir, pero tenía que intentarlo. Corrí, 3 pasos y pequeño salto, 2 pasos y pequeño salto, 1 paso y pequeño salto. Había habitaciones que ni pisaba en ellas de los saltos que pegaba. En pocos segundos lo abracé por detrás y caímos rodando al suelo. Después del forcejeo conseguí quedar yo arriba. Lo cogí por los tirantes y lo sacudí contra el suelo.
- ¡Vale! ¡Vale! No me mires de esa manera.
Pude controlarme y lo solté.
- Ahora volvamos a tú casa – dije a la vez que me levantaba.
Una familia entera nos miraba. Los que llevaban gafas lo hacían por encima de ellas, los que comían no masticaban y otros aún tenían el vaso en la boca.
- Perdón – ofrecí mi mano a Lewis para que se levantara y la aceptó – Ya nos vamos – fue lo único que se me ocurrió decir.
Salimos de allí por la puerta y bajamos las escaleras. No sabía donde estábamos, pero aquel no era el piso de Lewis. “Será otro bloque” pensé.
Cuando al fin encontramos su piso, subimos y Carl estaba charlando con Sam sentado en un sofá.
- ¿Te encuentras bien Carl?
- Sí. Hace un rato estaba mareado, pero ya se me ha pasado.
- Bien – miré a Lewis que estaba justo al lado – Ha decidido venir con nosotros.
- Bueno – se levantó – la espera a valido la pena – le ofreció la mano a Lewis – Te pido disculpas por haberte querido atacar.
- Y yo por haberte hecho daño – le aceptó la mano – Con inmovilizarte hubiese sido suficiente.
- ¿Cuántas habilidades sabes hacer? – pregunté.
- Algunas. No muchas.
- Ya nos las enseñarás – dije – pero antes volvamos a Lufkin, os dejaremos allí antes de hacer la última visita. Tocad mi mano – la puse al centro y los 3 pusieron la suya encima.
De golpe aparecimos en la casa de Carlisle. Utilizar aquella habilidad ya era habitual para mí, pero Sam todavía seguía asombrándose y Lewis estaba alucinando.
- Nosotros 2 nos vamos a buscar al último de la lista. Nos os mováis de aquí –Puse mi mano en el hombro de Carl – ¡Vamos!
Todo empezó a temblar. Los muebles y los objetos que yacían encima de ellos también lo hacían e iban cambiando de forma o desaparecían, hasta que con 4 cambios el comedor de Carl se convirtió en el de los padres de Mary. Ella nos aguardaba en el sofá tomando una taza de café.
- ¡Mary! – grité. Sus ojos azules eran tan bonitos… pero no me miraba a mí, sino a Carlisle.
- Yo soy Carlisle Swan – dijo acompañado de su estúpida sonrisa.
- Ey Mary, que estoy aquí, Vince – dije sin hacer caso a la presentación de Carl.
Ella me miró, pegó un salto hacia mí y me abrazó. "Cuanto en falta echaba esto" pensé.
- ¡Vince! Sabía que vendrías a buscarme – me dio un beso en los labios – después de… – la callé con otro beso pero este más efusivo bajo la atenta mirada de Carl. No podía consentir que dijera nada de los 3 encapuchados que estuvieron en su casa. No le había contado toda la verdad a Carlisle, posiblemente él a mí tampoco.
- Tranquila, ya estoy aquí.
- ¿Cómo has sabido que estaría en casa de mis padres?
- Tu casa quedó destrozada, y se me ocurrió que estarías aquí. Ahora te llevaré a un sitio más seguro.
- Primero quiero saber su historia – propuso astutamente Carl.
- Sí, claro – dijo modestamente Mary – pero antes os prepararé café – empezó a andar hacia la cocina.
- Ya sabes que a mí no me gusta – le advertí.
- ¡Quieta! ¡No quiero café! Estoy cansado y quiero volver a casa. He dejado allí a 2 desconocidos – gruñó Carl.
- De acuerdo – Mary volvió y se sentó al sofá.
Vestía con una falda azul celeste excesivamente corta, conjuntada con medias azul oscuro. La camisa morada que llevaba me pareció muy pequeña, o los pechos le habían crecido consideradamente. Llevábamos casi un mes sin vernos y sólo tenía ojos para Carl. No paraba de mirarlo a la vez que movía rápidamente la pierna que colocó encima de la otra al cruzarlas.
- Quiero que me expliques cómo te despertaron, por qué no te ha sorprendido que 2 personas aparezcan delante de ti y… y si Vince es bueno en la cama – y empezó a reírse con esa risa tan peculiar entrecortada que tenía mientras me miraba.
- Serás imbécil. Siempre haciendo las mismas bromas. No te cansarás nunca – la miré – Evidentemente no hace falta que contestes a lo último.
Ella sonrió y empezó hablar. “Por favor que no diga nada” supliqué.
- Todo ocurrió el pasado 2 de noviembre. Yo me encontraba en mi casa sentada mirando la televisión – “primera mentira” ella no tenía televisión, no quería – cuando de repente apareció un encapuchado. Me inmovilizó y me despertó – a medida que la escuchaba me moría de ganas por saber cómo había salido ilesa de los 3 encapuchados y como era posible que tuviera poderes – “¡Mary Lauper has sido despertada!” y me advirtió de que alguien vendría a buscarme. Pero nunca pensé que fuera Vince. Se fue de New York de golpe sin decir a donde iba – “segunda mentira” – Al principio no lo había reconocido hasta que ha dicho su nombre. En poco más de un mes le ha crecido bastante el pelo, no se ha afeitado y viste bastante sucio.
- Muy bien – dijo Carl – ¿Sabes hacer alguna habilidad?
- Sí. Esto… – desapareció y entró por la puerta del comedor – …Y algo más.
- Eso ha estado bien. Vendrás con nosotros. Acércate.
Carl colocó sus manos encima de cada uno y aparecimos en el comedor de su casa. Lewis estaba bebiendo una lata de cerveza sentado en el sofá con los pies cruzados encima de la mesa. El ruido de una máquina que provenía del fondo del pasillo interrumpía el incómodo silencio.
- ¿Dónde está Sam? – le pregunté – Tenemos que hablar. Ya estamos todos.
- Está por allí – señaló con el dedo al fondo del pasillo – Ha encontrado piezas de ropa y una máquina de coser y se ha vuelto loco.
- ¡¿Qué está utilizando la máquina de coser de mi abuela?! – el grito hizo que la máquina cesara.
Sam se acercó a nosotros caminando. Llevaba tanta ropa en las manos que solo le veíamos las gafas. Cuando llegó hice las presentaciones.
- Chicos, esta es Mary – ella saludó con un gesto tímido – y ellos son Lewis – este levantó la mano – y él Sam.
- Hola Mary – saludó Sam – Como sabía que vendrías y seríamos 5, acabó de hacer 5 chaquetas negras de cuero con una capucha cada una. Quería poner vuestros nombres en cada una de ellas pero no me ha dado tiempo. Sólo he puesto él mío y el de Lewis en rojo.
- ¿Por eso me has preguntado el nombre? Joder tío que cutre, si lo llego a saber no te lo digo. Pero muchas gracias, me irá de puta madre para protegerme del calor que hace en Texas – le agradeció Lewis con cierto sarcasmo.
A medida que las iba repartiendo y cada uno cogía la chaqueta que le daba Sam, Carlisle las miraba con los ojos bien abiertos. Intentaba ocultar lo que pensaba, pero con sólo verle la cara era suficiente. “Está pensado lo mismo que yo” “Está tan asustado como yo” “Ahora empiezo a entenderlo todo” “Por fin ahora empezará el verdadero juego” pensé.
- ¡Qué chaquetas más bonitas Sam! – fui el único que se lo agradecí con una sonrisa.

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